Cactus alucinógeno san pedro

Echinopsis pachanoi

La Echinopsis pachanoi es un cactus originario de Sudamérica, con usos religiosos y medicinales tradicionales desde hace más de 3.000 años. De los diversos alcaloides que contiene, la mescalina es la responsable de sus efectos psicoactivos.

El San Pedro es un cactus columnar utilizado tradicionalmente con fines medicinales y religiosos en algunas partes de Sudamérica. También se conoce con este nombre a otras especies de cactus que pertenecen al género botánico Echinopsis (antes llamado Trichocereus), principalmente Echinopsis pachanoi y Echinopsis peruviana, aunque existen otras variedades como E. puquiensis, E. santaensis y E. schoenii.

Las primeras evidencias del uso del San Pedro se han encontrado en Perú, en la cueva del Guitarrero del valle del Callejón de Huaylas. En estas cuevas se han encontrado restos fósiles del cactus que datan de 6800-6200 a.C., incluyendo la presencia de muestras de diferentes épocas. Así, el uso de E. pachanoi se encuentra entre los más antiguos de las diferentes plantas psicoactivas ancestrales.

El uso continuado del San Pedro hasta la época colonial española puede deducirse de los escritos de los conquistadores que describen los efectos del San Pedro al ser ingerido por los pueblos nativos, y de las evidencias arqueológicas. Al igual que hicieron con los hongos y el peyote, los conquistadores y la Iglesia Católica lucharon contra el uso religioso de E. pachanoi.

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El cactus de San Pedro contiene el alcaloide mescalina y otros derivados de la fenetilamina con propiedades alucinógenas. Este cactus fue utilizado a lo largo de la historia por diversas culturas y civilizaciones precolombinas que se asentaron en el norte del Perú. En este artículo se revisan las evidencias etnoarqueológicas y etnohistóricas del uso ritual del cactus San Pedro en las culturas precolombinas, y se comparan estos hallazgos con la información proporcionada por los estudios etnográficos actuales.

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Cuanto más tiempo se haya almacenado un cactus, más fuerte y más alto será su contenido en alcaloides derivados de la mescalina. Se han encontrado evidencias arqueológicas del uso del San Pedro con fines mágico-religiosos en las siguientes culturas precolombinas Cupisnique (1500 a.C.), Chavín (1000 a.C.), Moche (100-750 d.C.) y Lambayeque (750-1350 d.C.). En la actualidad, los maestros chamanes utilizan el San Pedro en los altares (“mesas”) erigidos para los ritos de curación con el fin de tratar el encantamiento y la mala suerte. La mesa sigue un sofisticado ritual: ‘levantar’ o esnifar tabaco con alcohol, ingerir San Pedro, señalar las enfermedades, limpiar el mal y ‘florecer’ al enfermo. El rito de la mesa se realiza en las primeras horas de los martes y viernes, que son días sagrados en las religiones andinas. El San Pedro se sustituye a veces por una infusión de plantas y semillas que contienen componentes alucinógenos, como la ayahuasca y las ‘mishas’ (Brugmansia sp.).

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Aunque los medios de comunicación han estado siguiendo el renacimiento psicodélico tradicional durante los últimos años, centrándose en la ayahuasca y la psilocibina, vale la pena recordar que la mescalina tiene una historia que quizás se remonta aún más atrás (al menos ~5700 años). Aunque no es tan popular y ciertamente no es tan sencilla, fácil de preparar y consumir como los hongos que contienen psilocibina, los cactus que contienen mescalina ocupan un lugar especial en los círculos etnobotánicos y antropológicos, y GDS pensó que ya era hora de que nos informáramos un poco más sobre cómo la gente del siglo XXI utiliza esta pequeña molécula maravillosa.

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El peyote (Lophophora williamsii) y el San Pedro (especie Trichocereus) son dos cactus que contienen mescalina, pero estas plantas proceden de entornos y culturas muy diferentes.  La mescalina induce efectos psicodélicos típicos, aunque los consumidores describen los efectos visuales de la mescalina como más “brillantes y coloridos”, como el 2C-B, que “geométricos”, como el DMT, la psilocibina y otras triptaminas.

Ante la creciente preocupación por el impacto medioambiental de la producción de drogas, es importante reconocer que estas dos fuentes de mescalina difieren en su perfil ecológico. Mientras que el San Pedro crece rápidamente y es abundante en la naturaleza, el Peyote crece muy lentamente, con un hábitat natural amenazado por la minería y los desarrollos agrícolas.

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El peyote (Lophophora williamsii) es el cactus psicodélico más conocido y potente, aunque es el más pequeño y de crecimiento más lento. En lugar de crecer hacia arriba formando una columna, crece en forma de “botones” a poca altura del suelo. Ha sido utilizado por los nativos americanos durante más de 5.000 años. A diferencia de otros cactus psicodélicos, la planta del peyote y sus semillas son sustancias controladas en Estados Unidos; sin embargo, las leyes federales y estatales de restauración de la libertad religiosa permiten su uso en ceremonias religiosas. Además de la mescalina, contiene el alcaloide hordenina (N,N-dimetiltiramina)[2] La hordenina es un sustrato selectivo de la MAO-B y, por tanto, puede funcionar como un inhibidor competitivo, impidiendo hasta cierto punto la descomposición de la mescalina[3].

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Otros cactus Lophophora como Lophophora diffusa, Lophophora fricii, Lophophora koehresii… son bajos en Mescalina y altos en Pellotina; por lo que producen efectos psicoactivos diferentes a los de Lophophora williamsii.

La antorcha boliviana (Echinopsis lageniformis) se considera el cactus columnar más psicoactivo y potente. Crece más rápido que el San Pedro o la Antorcha Peruana, aunque es más delgado que ambos. Se cree que tiene más hordenina en relación con la mescalina que Peruvian Torch. Los cultivares monstrose son formas de crecimiento más lento que se ramifican en muchas secciones. Los dos cultivares de monstrose son el clon A de forma larga, que tiene secciones más largas que son lisas y sin espinas excepto en la base, y el clon B de forma corta, con secciones pequeñas en las que crecen largas espinas. También hay variantes con cresta. A pesar de ser uno de los cactus columnares psicodélicos más potentes, no se suele cultivar por su contenido en mescalina fuera de su zona de distribución.

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